Entre el ácido hialurónico y el botox puede parecerte que no hay mucha diferencia, y a simple vista así parece, pero realmente no son iguales. Ejercen el mismo efecto rejuvenecedor en tu rostro e, incluso, pueden aplicarse de manera simultánea para lograr un mejor resultado.

¿Cuáles son las diferencias?

El bótox o toxina botulínica presenta muchas diferencias con respecto al ácido hialurónico. Mientras que esta última es una sustancia que tenemos en nuestra piel, el bótox se ha conseguido mediante una bacteria.

El ácido hialurónico es un perfecto relleno de arrugas y surcos del tercio inferior del rostro, específicamente para tratar en los pómulos, el mentón, los labios, con el fin de darles mayor volumen.

Por su parte, la toxina botulínica es apta para tratar el tercio superior de la cara. Se utiliza para rellenar las llamadas arrugas dinámicas, que tienden a aparecer en la frente, el entrecejo o para hacer desaparecer las patas de gallo, entre otras cosas.

Aunque el tratamiento de ambas sustancias puede abarcar una duración parecida, tan solo el ácido hialurónico requiere de anestesia tópica o, en otros casos, local. Con lo que respecta a la toxina botulínica, es indolora. Solo algunos pacientes con hipersensibilidad en la piel requerirán de una anestesia previa.

Después de aplicar ambas sustancias, existe una diferencia clara con respecto al tiempo en que se comienzan a apreciar sus resultados. El bótox suele tardar más en mostrar sus efectos, teniendo que esperar hasta tres días para que los aprecies. En el caso del ácido hialurónico, los resultados son inmediatos.

La duración en la piel de ambas sustancias también difiere mucho. La toxina botulínica puede mantenerse entre 4 a 6 meses, mientras que el ácido hialurónico llega a prorrogarse en torno a un año completo e, incluso, año y medio. Hay que tener en cuenta las áreas de cuerpo tratadas y los efectos que se producen en cada persona; en algunos pueden ser más rápidos que en otros.

Ácido hialurónico

Esta sustancia es realmente una molécula que forma parte de la epidermis. Su función rejuvenecedora comienza a decaer a medida que cumplimos años. Comienza a disminuir aproximadamente a partir de los 25 años, pudiendo notarse las primeras marcas en la piel tras superar la tercera década de vida.

Se caracteriza principalmente por mantener la piel hidratada y tersa. Le otorga el brillo natural, típico de la juventud, además de la elasticidad suficiente para no marcarse las arrugas.

El deterioro de esta sustancia puede adelantarse con la exposición prolongada al sol y los rayos ultravioleta. Al ir abandonando sus funciones, produce una deshidratación en la epidermis, produciendo la aparición de arrugas y surcos.

Bótox

La toxina botulínica, también llamada bótox, por una de las primeras marcas que la popularizaron, es una neurotoxina sacada de una bacteria: Clostridium botulinum. Como tratamiento controlado, tiene la capacidad de paralizar progresivamente los músculos. Ante estos resultados, se logró un tratamiento estético y cosmético muy eficaz, capaz de recuperar el rejuvenecimiento de ciertas zonas del cuerpo.

También se han conseguido tratar ciertas enfermedades neurológicas, como la espasticidad, la rigidez, además de determinados dolores.

Al ser una sustancia conocida por su potencia sobre el sistema nervioso, debe ser aplicada por un especialista, además de ser debidamente regulada, con el fin de garantizar los mejores resultados sobre el paciente.

Como paraliza de manera temporal los músculos, es aplicado por pequeñas inyecciones, atenuando así las líneas de expresión y evitando la aparición de arrugas.

El ácido hialurónico y el bótox actúan de manera semejante sobre la piel, devolviéndole su juventud y tersura. Sin embargo, las diferencias están bien establecidas, desde su duración hasta los lugares en que son aplicadas ambas sustancias.