Entender el envejecimiento del rostro es examinar la integridad de los tejidos estructurales uno por uno: piel, grasa, músculo y hueso, y después evaluar la morfología resultante. El médico debe entrenar sus ojos para examinar el rostro como si de un rompecabezas tridimensional se tratara, en lugar de centrarse en líneas y surcos.

Pero, ¿qué es el envejecimiento del rostro?

Actualmente, está reconocido por la comunidad médica que son los cambios en el volumen de la piel y de las partes blandas, así como del soporte óseo subyacente, los contribuyentes a los cambios responsables del envejecimiento. Aunque en otro tiempo se pensó que era la gravedad la principal causa del proceso de envejecimiento, es la pérdida de volumen de todas las estructuras del rostro. Es decir, nuestros tejidos, “se desinflan” con la edad. Estos cambios siguen una secuencia previsible, pero el ritmo al que se suceden estos cambios es exclusivo para cada sujeto. Como no hay dos rostros idénticos, no hay una fórmula única que nos permita decir lo que necesita cada rostro, de ahí la importancia de individualizar cada tratamiento.

La respuesta a esta pérdida de volumen de los tejidos es la redensificación de la piel y la reposición de esos volúmenes con productos que tenemos a nuestro alcance, como la hidroxiapatita cálcica o el Ácido poliláctico (Radiesse y Sculptra, respectivamente), que una vez en el tejido cumplen esa función dual de reposición del volumen perdido “ocupando ese espacio” que va faltando y redensificando  la piel, gracias a su capacidad de generar colágeno.

Esta lectura correcta e individualizada de cada rostro y el tratamiento propuesto con estos productos, es el éxito para un resultado médico estético satisfactorio. Y, por supuesto, todo bajo los criterios de seguridad, eficacia y desde luego con el objetivo claro de lograr un resultado natural.