La acción del exposoma en la piel puede producir un envejecimiento prematuro de la dermis cutánea. Por eso es necesario conocer cuáles son los factores externos que afectan a la piel, en qué medida lo hacen y si existen daños asociados a él.

¿Qué es el exposoma y cómo afecta a la piel?

«Exposoma» es un término acuñado en 2005 por el director de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. Su creador, Christopher P. Wild, lo definió como la serie de factores de origen externo a los que una persona se ve expuesta durante toda su vida.

Todos estos factores afectan a la piel y son aceleradores potenciales de su envejecimiento. Su importancia es tal que se han llegado a definir de forma precisa los ocho factores del exposoma que son de origen externo y que pueden evitarse. Son los siguientes:

  • Radiación solar. La fracción ultravioleta acelera la aparición de arrugas en la piel y promueve el envejecimiento cutáneo. Además, debido a su acción es posible encontrar una pigmentación irregular, con la aparición de manchas o tez amarillenta. Es lo que se conoce como fotoenvejecimiento.
  • Contaminación. La piel es porosa y, por tanto, puede captar contaminantes atmosféricos de pequeño tamaño. Por lo general, la zona más afectada es el cutis. Los resultados más comunes son deshidratación, suciedad e irritabilidad, pero también pueden potenciarse las alergias.
  • Tabaco. La exposición al humo del tabaco da lugar a la proximidad de radicales libres, moléculas que provocan la oxidación de la piel. Estas moléculas se relacionan directamente con el envejecimiento celular.
  • Temperatura. Las manos, el escote y la cara son las zonas más sensibles a las temperaturas muy bajas. Se produce deshidratación y hay que tener un cuidado especial.
  • Estrés. La piel y el sistema nervioso están estrechamente conectados. Así, cuando se altera el sistema nervioso por el estrés, se fabrican hormonas que afectan a la piel. Como consecuencia, aparece un envejecimiento prematuro de la misma.
  • Nutrición. La dieta basura» provoca la aparición de acné, psoriasis y dermatitis seborreica. Esto se debe a que contiene alimentos con exceso de grasas saturadas y carbohidratos y déficit de vitaminas. Por ello, conviene introducir frutas, verduras y pescados ricos en omega 3. En definitiva, los alimentos con nutrientes saludables también favorecen a la piel.
  • Falta de sueño. Relacionada con el estrés, la falta de sueño estimula la síntesis de hormonas que alteran la piel. Además, no dormir suficiente provoca que la regulación cutánea de la temperatura no sea adecuada. Ambos factores inducen un envejecimiento acelerado.
  • Empleo de cosméticos. Estos productos contienen gran cantidad de sustancias en su formulación, por lo que es posible que algunas de ellas desencadenen reacciones alérgicas o irritación en muchas personas. Es imprescindible que quienes tengan la piel sensible consulten previamente con su especialista la oportunidad de su uso.

En resumen, todos estos factores son claros ejemplos de la vinculación entre el exposoma y el envejecimiento de la piel. Lo más positivo es que todos ellos forman parte de los hábitos diarios y, en consecuencia, pueden modificarse en aras de mantener la juventud en la piel del rostro y el cuerpo.

Daños que produce el exposoma

La prevención en la piel es fundamental, pero cuando los daños han hecho aparición es preciso recurrir a su tratamiento. Algunos de los más frecuentes son:

  • Presencia de manchas. El sol, el estrés y la falta de sueño pueden producir la aparición de zonas más pigmentadas en el rostro. Para unificar nuevamente el tono de la piel, el tratmiento idóneo es el peeling químico. Esta técnica es una exfoliación con productos químicos que ayuda a rejuvenecer la piel y hacer que las manchas desaparezcan.
  • Piel seca con sensación de tirantez. En los casos leves, este problema puede subsanarse con una buena hidratación a través de cremas o alimentos con alto contenido hídrico. Sin embargo, en casos más complicados puede optarse por un tratamientos como la mesoterapia o los factores de crecimiento plaquetario. En el primer caso, se utilizan microinyecciones con cócteles de diferentes compuestos, como vitaminas, que recuperan la hidratación. En el segundo caso, se insertan plaquetas del paciente en la piel para estimular la formación de ácido hialurónico, colágeno y elastina.
  • Arrugas y zonas escamadas. La exposición al sol a lo largo de los años produce el enrojecimiento y la descamación de la piel, además de acelerar la aparición de arrugas. Una opción para mitigar estos daños es la luz pulsada. Con solo 3 sesiones de media hora se consiguen resultados muy visibles como unificación del tono de la piel, disminución de arrugas o mayor luminosidad. Esto es posible porque el uso de una fuente de luz de elevada intensidad estimula la producción de colágeno a nivel local.

En definitiva, el exposoma actúa produciendo un envejecimiento prematuro de la piel. Puesto que gran parte de los factores son evitables, mejorando hábitos y costumbres puede lograrse que la piel permanezca saludable.