Lo que conocemos como piel cansada corresponde a una serie de signos que se manifiestan en nuestra piel dándole un cierto aspecto de envejecimiento. Los signos pueden ser algunas manchas, líneas de expresión más acentuadas de lo habitual o el envejecimiento prematuro de la piel.

¿Sientes que tu piel está cansada?

Las causas que hacen que se manifieste un aspecto de cansancio en nuestra piel pueden ser varias.

El estrés, por ejemplo, no descansar lo suficiente puede evitar que se produzca la renovación periódica de nuestra piel en sus períodos normales. Con ello, se produce un aumento de células muertas que dan esa impresión de piel marchita, de un tono apagado y que puede parecer envejecida.

Otra causa puede ser el efecto de la luz solar, que es sin duda el factor ambiental que más daño puede hacer. Es vital que aprendamos a proteger nuestro cuerpo del exceso de exposición al sol. Las consecuencias pueden acabar por hacerse notar con el paso de los años, pues el efecto de la radiación es el de un daño acumulativo. Tenemos que acostumbrarnos a proteger nuestra piel cuanto antes.

Cómo acabar con la piel cansada

Evitar que nuestra piel manifieste este cansancio producido por la acumulación de células muertas y por los efectos del sol es más sencillo de lo que parece. A continuación, recopilamos algunos consejos que ayudan a evitar que nuestra piel parezca envejecida y sin brillo.

Beber suficiente agua

Una de las principales causas del envejecimiento de la piel es la falta de adecuada hidratación. Es cierto que conviene usar diariamente una crema hidratante, pero si nos olvidamos de beber al menos dos litros de agua al día, será difícil que nuestra piel responda con un aspecto sano y saludable.

Exfoliar la piel

La contaminación, el maquillaje del día a día y la falta de sueño inciden sobre el buen estado de la piel. Es necesario que realicemos una exfoliación semanal para ayudar a nuestro cuerpo a deshacerse de la piel dañada y las células muertas. Esta exfoliación no debe concentrarse únicamente en rostro, si no que debe realizarse por todo el cuerpo y el mejor lugar para ello es durante la ducha.

La renovación de la piel consiste en el desprendimiento de las células de la capa externa de la piel, que son reemplazadas por otras que tendrán un aspecto perfecto. Ya que el paso del tiempo y los periodos de cansancio y estrés afectan a este proceso de renovación natural, es determinante ayudar a nuestra piel a regenerarse recurriendo a rutinas de limpieza e hidratación y a un proceso de exfoliación semanal. Exfoliando garantizamos una efectiva recuperación para nuestra piel, y además estará más receptiva ante cualquier otro tratamiento de rejuvenecimiento o de hidratación que deseemos aplicar.

Lavar la piel con agua fría

El agua fría puede reportar muchos beneficios para nuestra piel, aunque pueda suponer un poco difícil aplicarla en un principio. El agua fría ayuda a despejarnos y a activar la circulación de la sangre favoreciendo el metabolismo al hacer que el cuerpo deba trabajar para regular la temperatura. Además, tonifica los músculos y la propia piel. El uso del agua caliente, sin embargo, no hace otra cosa que ayudar a deshidratar más nuestra piel, y elimina la capa protectora de grasa natural que evitaría otros problemas de la piel, como las irritaciones o los eccemas.

Si nos resulta difícil empezar a lavarnos o ducharnos con agua fría, podemos empezar con agua templada e ir pasando a fría poco a poco, hasta poder usar un agua de temperatura fría pero soportable. Podemos empezar por los pies e ir subiendo poco a poco hacia la cabeza realizando movimientos circulares ascendentes con la ducha. De este modo activaremos la circulación y notaremos la piel más firme.

En definitiva, para evitar la piel cansada debemos protegernos del sol, evitar el estrés, descansar lo suficiente, hidratarnos y exfoliar la piel al menos una vez en semana y, siempre que sea posible, lavarla con agua fría.