El ácido poliláctico (APLL) se sintetizó por primera vez en Francia en la década de los cincuenta y se empleó en la fabricación de suturas y otros mecanismos de fijación para cirugía ortopédica

A partir de 1990 se comenzó a aplicar en forma de suspensión inyectable para tejidos blandos y en 2009 la FDA autoriza su uso en el  tratamiento de las lipodistrofias en pacientes afectados por el VIH.

Una vez inyectado el APLL se degrada hasta descomponerse en agua y CO2 que nuestro organismo elimina sin dejar residuos después de dos años. Lo que  avala su seguridad.

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Pero además de seguro, tiene la capacidad de estimular la actividad de los fibroblastos, que como sabemos son los encargados de fabricar las fibras de colágeno y elastina, que  soportan y tensan nuestra piel. Estos fibroblastos también se encuentran en periostio y en el tejido graso; ambos, elementos importantes de la estructura facial y que también sufren cambios importantes durante el proceso de envejecimiento.

El APLL puede ser inyectado en cada uno de esos planos obteniendo un resultado a la medida de cada paciente consiguiendo un rejuvenecimientos progresivo y muy natural, que nuestros pacientes aprecian y generalmente desean mantener.

Un tratamiento inicial precisa tres sesiones y después se pueden mantener los resultados con un vial al año.

En los últimos años han surgido nuevos productos derivados del APLL como son: los hilos tensores de polidioxanona o la policaprolactona “Ellanse” . Todos excelentes productos, aunque desde mi punto de vista, no tan versátiles como el veterano APPL “Sculptra” al que considero un clásico imprescindible en la consulta de Medicina Estética.