Si te estás preguntando para qué sirve la toxina botulínica, conocida también por su marca comercial más famosa, Bótox; te indicamos que la respuesta es muy amplia. En los últimos estudios sobre toxina botulínica se han encontrado unos resultados sorprendentes.

Aplicaciones de la toxina botulínica

Ahora entre sus bondades no solo se incluye la neuromodulación, es decir, la relajación de músculos y por lo tanto gestos, sino también una mejoría en la propia estructura de la piel, de su flexibilidad, elasticidad y recuperación tras el movimiento.

Según el estudio realizado por el Dr James Bonaparte de la Universidad de Otawa, Canada, los cambios que aparecen en la piel indican probablemente un cambio en el propio fibroblasto. Es decir, en la célula encargada de fabricar el colágeno y la matriz de la dermis ambas sustancias necesarias para dar estructura y mantener la piel firme e hidratada.

Los estudios sugieren que la toxina pueda tener un efecto anti-aging directo sobre la piel por lo que también las heridas con una difícil cicatrización podrían beneficiarse de su uso.

Ya sabíamos y habíamos comprobado que tras la inyección repetida de toxina las arrugas tratadas iban disminuyendo y en algunos casos desapareciendo, lo que no parecía tan clara era la razón. En este estudio avanzan que los fibroblastos podrían tener receptores que interactuaran con la toxina promoviendo que formara, de una forma directa y no como consecuencia del pinchazo y la consiguiente inflamación, colágeno, elastina y las sustancias necesarias para estructurar la piel.

De esta forma el rejuvenecimiento conseguido con la toxina sería doble. De manera inmediata nos beneficiaríamos del buen aspecto conseguido al relajar nuestros músculos y en el futuro de sus efectos anti-aging sobre nuestra piel: menos arrugas y una piel más firme y joven.