¿Sabes en qué consiste la piel grasa deshidratada? La piel grasa se caracteriza por presentar un exceso de lípidos, es decir, sebo o grasa. Debido a esto, este tipo de piel es más propensa a presentar poros dilatados, comedones, espinillas, puntos negros y demás imperfecciones. La cara tiene una apariencia brillante y los productos de maquillaje no suelen ir bien en este tipo de piel.

No obstante, este exceso de grasa no impide que la piel se pueda deshidratar, apareciendo así la famosa piel grasa deshidratada, que tiene el inconveniente de que es difícil de diagnosticar.

Las causas de este problema de deshidratación pueden ser diversos, pero entre los más comunes están: los agentes externos como el frío, el viento, el sol o el calor; la edad; las patologías cutáneas; usar productos inadecuados para el cuidado de la piel; o ciertos medicamentos como diuréticos y laxantes.

Cómo saber si tu piel tiene exceso de sebo

Cómo saber el tipo de piel que tenemos es esencial para tener claro cómo cuidarla y, por tanto, conseguir que nuestra piel luzca sana.

Como decíamos antes, cuando tenemos la piel grasa es más complicado determinar si esta tiene una carencia de hidratación o no, sin embargo, existen una serie de características que delatan el estado de deshidratación de este tipo de pieles:

  • Una apariencia brillante combinada con zonas escamadas como por ejemplo en las aletas de la nariz o en la parte superior de las cejas.
  • Presenta una textura áspera y rugosa, siendo gruesa en aquellas áreas más grasas.
  • La carencia de agua repercute en una falta de suavidad y elasticidad, por lo que está tensa.
  • También son más propensas a los enrojecimientos e irritaciones cutáneas.
  • Dilatación de los poros.
  • Tiene un aspecto cansado debido a la falta de luminosidad.
  • La presencia de pequeñas estrías de deshidratación que se hacen evidentes debajo de los ojos, los pómulos y alrededor de la boca cuando están en tensión.

Rutina diaria y cremas específicas para la piel grasa deshidratada

Si ya tienes claro que tu piel sufre este tipo de problema, es hora de ponerle solución. El inconveniente de este tipo de pieles es que resulta muy complicado proporcionar la hidratación que necesita sin administrar grasa o sobrepasar el límite hídrico. Tanto los productos que son muy astringentes como aquellos muy grasos oclusivos pueden perjudicar alguna zona de tu cara.

Lo primero que debes hacer es mantener una correcta higiene. Es fundamental limpiar el rostro dos veces al día, por la mañana y por la noche. Se recomienda usar un limpiador suave en gel específicamente recomendado para las pieles grasas. Lo ideal es dejar la piel bien limpia pero sin contribuir a la descamación, ya que se puede volver aún más frágil.

El siguiente paso es aplicar un tónico que reequilibre el pH, dejando nuestra cara lista para recibir el resto de productos.

Una vez a la semana, o cada dos, es recomendable que realices una rutina de exfoliación, aplicando el producto con movimientos circulares. Con la exfoliación estamos eliminando las células muertas de nuestra piel, haciendo que, de este modo, los productos de hidratación penetren con mayor facilidad.

El siguiente paso es la hidratación. Se recomienda optar por cremas o geles que sean ligeros, matificantes y libres de aceites. Si queremos potenciar la hidratación y mantener un nivel óptimo durante todo el día, lo que podemos hacer es aplicar antes un sérum o una ampolla de regeneración intensiva. Otra opción es aplicar una mascarilla hidratante cada noche para darle ese extra de hidratación.

No debemos olvidarnos del contorno de ojos, aplicando un producto específico tanto a la mañana como a la noche, antes de aplicar la crema hidratante.

Por último, debemos recordar que el sol es uno de los factores que más influyen en la deshidratación de la piel, así que debemos recordar usar un tipo de protector solar ligero cuya fórmula esté libre de aceites, cada vez que salgamos a la calle. Sobre todo en los meses de verano donde la exposición al sol es mayor y sus rayos inciden más directamente.

Cuidar de nuestra piel es fundamental, si no queremos presentar signos de un envejecimiento prematuro pero, además de los tratamientos indicados, es muy importante prestar atención a nuestra alimentación.

Llevar una dieta variada y equilibrada, bebiendo la suficiente cantidad de agua a lo largo del día e intentando eliminar los tóxicos y sustancias dañinas como pueden ser el tabaco, el alcohol y los alimentos perjudiciales para el estado de nuestra piel como es el chocolate o los frutos secos en exceso, conseguiremos una piel perfecta en muy poco tiempo.