¿Tienes granos blancos y dolorosos? o ¿son granos enrojecidos y abultados? En ambos casos y aunque no se parezcan entre sí, los dos pueden tratarse de casos de acné. Esta enfermedad se manifiesta de diversas maneras ya que hay varios tipos de acné que nos pueden afectar.

Todos ellos tienen sus causantes y sus diferentes tratamientos. Si padeces alguno de ellos te indicamos cómo identificarlo y las recomendaciones para tratarlo.

Principales tipos de acné

Acné comedogénico

Este acné es común entre los adolescentes. Surge por la acumulación de grasa en la piel, que obstruye los poros bloqueando los folículos del vello. Pueden aparecer comedones abiertos o cerrados. Suelen desaparecer cuando pasa un tiempo más o menos prolongado sin dejar cicatrices.

Siempre se aconseja que no se toquen ni se manipulen de manera indebida, ya que esta manipulación puede hacer que este acné deje marcas en la piel. Y lo que es aún peor ocasionar una infección de mayor gravedad.

Para tratarlos deberás llevar una higiene exhaustiva, utilizando para ello productos de limpieza de la piel específicos. Algunos de los más habituales son las mascarillas, geles o crema de aplicación tópica. También, para combatir este acné se utiliza la microdermoabrasión.

Acné papulo-pustuloso

Se trata de un tipo de acné inflamatorio mucho más agresivo que el anterior, y lo podemos observar porque los granos que aparecen son más rojizos, tienen pus.

Este acné suele presentarse en mujeres con cambios hormonales. Por lo que los tratamientos anovulatorios son muy efectivos.

En este caso, es muy importante realizar limpiezas faciales y tomar los antibióticos recetados por el especialista.

Acné nódulo-quístico

En este caso, nos encontramos con un tipo de acné inflamatorio mucho más severo que los dos anteriores. Son granos que se inflaman y son también muy profundos. En ocasiones, se pueden llegar a formar quistes de diferentes tamaños.

Aparece normalmente en los jóvenes, y la principal causa es que las bacterias de la piel tapan los poros, haciendo que las lesiones se inflamen.

Lo habitual es que este tipo de acné deje marcas o cicatrices y por este motivo, para combatirlo se necesita tratamientos más fuertes, generalmente por vía oral y con antibióticos.

Si el acné es demasiado grave, se puede llegar a tratarlo inyectando antiinflamatorios directamente en las lesiones, pudiendo necesitar intervenciones quirúrgicas.

Acné conglobata

Se trata de uno de los tipos de acné menos frecuente. Lo suelen padecer más los hombres adultos.

Es una modalidad bastante severa, que puede llegar a ser crónica, debido a que afecta al folículo piloso terminal. Se origina por la acumulación de grasa que obstruye los poros, haciendo que las bacterias se acumulen y produzcan hinchazón en la piel.

Puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, siendo lo más habitual el abdomen, los glúteos, las axilas, los miembros superiores o las ingles.

Como mínimo, debemos tratar este acné unos 5 meses y, si se quiere unos resultados más rápidos, habrá que completar el tratamiento con esteroides, para que tenga mayor efectividad.

Acné fulminante

Este acné es más habitual en los chicos de 20 años y su aparición está estrechamente ligada al aumento de andrógenos cuando hay problemas de tipo inmune.

Aparece de forma repentina, presentándose con lesiones parecidas a las pústulas, pudiendo desencadenar en los casos más graves, en úlceras necróticas bastante dolorosas.

Las cicatrices son habituales en este tipo de acné, muchas de las lesiones pueden ser sangrantes. Lo normal es que aparezcan en la espalda y tórax. Rara vez aparecen en la cara.

Este acné debe ser tratado por un especialista, quien recomendará cuál es el tratamiento más eficaz según cada caso.

El acné fulminante, el conglobata y el nódulo-quístico son los que suelen dejar más cicatrices. Estas pueden ser tratadas mediante el peeling químico o la microdermoabrasión.